Tesoros hundidos testigos de una tragedia

El fondo marino de la ría de Viveiro alberga grandes tesoros, barcos hundidos que son hoy hogar de bogavantes, centollos y otros crustáceos y peces típicos de estas aguas. Quizás el más conocido sea el pecio de las fragata ferrolana “Santa María Magdalena” y del bergantín “Palomo”, de cuya tragedia ya os hable y que hoy quiero recordar, pues fue un 2 de noviembre de hace hoy 200 años cuando las hermosas playas de Covas y Sacido se convirtieron en el macabro escenario de esta tragedia naval.

Hasta la fecha, este es el naufragio con más víctimas mortales acaecido en las costas españolas en los últimos tiempos, con cerca de 900 fallecidos, de los que 550 pertenecían a la armada española.

Dicho naufragio, es un negro capítulo de nuestra lucha contra la invasión francesa. Los barcos pertenecían a la denominada Expedición Cántabra, cuyo objetivo era liberar Santoña de los franceses.

Habiendo tenido que retirarse de Santoña por las malas condiciones del mar, la Expedición Cántabra buscó abrigo en las tranquilas aguas de la ría de Viveiro. En la noche de todos los Santos se desató una fuerte galerna del cantábrico que se intensifico en la madrugada del día 2. Al amanecer, el espectáculo de la tragedia fue descomunal centenares de cadáveres yacían sobre las playas de Covas y Sacido. Cuerpos sin vida procedentes de los navíos de la armada española, la fragata Santa María Mágdalena y el Bergantín Palomo así como del navío de la armada real inglesa el Insurgente Roncalesa de cuyo pecio no se sabe nada y que podría seguir aun sin expoliar en la ría de Viveiro.

Fue imposible dar sepultura a tantos cadáveres en el cementerio y la iglesia de Covas, por lo que muchos de estos cuerpos tuvieron que ser enterrados en la propia playa de Covas.





