La ría de Viveiro, un bello rincón en la mariña lucense

Quiero hoy rescatar mí olvidado archivo fotográfico y de video para mostraros el que en breve será, durante algo más de dos meses, mi lugar de descanso, esparcimiento y recreo, los alrededores de Viveiro y su ría.

En pleno Mar Cantábrico, la ría de Viveiro es una de las rías altas gallegas de la provincia de Lugo. Está formada por la desembocadura del río Landro y se abre al Cantábrico al oeste por la Punta del Fuciño do Porco y al este por el Monte Faro.

La influencia de las aguas marinas sobre el río Landro se hace notar sobre 80 hectáreas, alcanzando casi 5 km río arriba desde su desembocadura.

El estuario de la ría de Viveiro comienza a formarse en Portochao y se prolonga hasta su desembocadura a lo largo de tres kilómetros formando una amplia y rica llanura fluvial de marisma declarada Lugar de Interés Comunitario.

La ría tiene una escotadura de 2 kilómetros de ancho entre el Monte Faro y Punta Socastro (Fuciño do Porco). Su fondo es arenoso en casi todas las zonas y tiene una profundidad media entre 9-15 m, llegando en algunos puntos hasta los 25 metros de profundidad.

Entre los puntos más destacables de la ría encontramos el Monte de Faro y la Punta Socastro o Fuciño do Porco que forman la bocana de esta ría, la Punta Alegrín, la Punta da insua o do Cabalo con su legendaria cueva de la doncella, la punta do Becerro y la ensenada de Cova Fría en las proximidades de Celeiro, la Punta Mogarón y la ensenada de dos Canaveirás en la costa de Faro.

Desde el faro rojo de Monte Faro hasta el faro verde del Fuciño do Porco, que indican a los marineros la entrada a esta ría, encontramos las siguientes playas: Arnela, Area, Celeiro, Covas, Seiramar, Sacido, Róo, A Concha, Abrela y Alegrín.

En cuanto a islas, encontramos en la ría en su la parte mas occidental frente a la playa de Abrela la isla Gabeira y frente a la playa de Area la siempreverde y arbolada isla de Area. Existen otros islotes de menor tamaño como “Os Castelos” en la playa de Covas o el islote Queimada cerca de la Punta da insua.






























































La ría alberga una singular riqueza de flora y fauna marina con fondos tapizados de espirógrafos, gorgonias, grandes esponjas y otros organismos incrustantes, que crean un gran cuadro abstracto con sus contrastes de color y forma. Las praderas están formadas por algas del género Laminaria, Ascophyllum, Himanthalia y Pelvetia entre otras muchas.

En sus fondos habitan enormes bogavantes y centollos. Pulpos, sepias, calamares, congrios, sargos, sardinas, anchoa, chicharros, abadejos y fanecas se ven por todas partes y los pintos y maragotas están siempre omnipresentes. Entre la ictiofauna pelágica son frecuentes las grandes lubinas y los bancos de túnidos como los verdeles.

Hay una buena representación de peces planos (lenguados, rodaballos, etc), peces de arena (peces araña, salmonetes, etc.), rayas, tembladeras, etc. Otras especies son menos habituales pero también posibles de ver según la época del año, como los peces luna, San Martiños, etc.

Existen poblaciones importantes de crustáceos más pequeños (gambas, cangrejos, santiaguiños, nécoras, sastres, arañas, etc.) y una gran variedad de nudibranquios. Ocasionalmente también son visibles por estas aguas delfines, o como por aquí los llaman “golfiños”.

Si bien, existe una gran riqueza, los submarinistas están constatando la disminución de especies marinas en esta ría. Sus fondos marinos se conservan intactos, con la misma flora, pero han disminuido diversas especies marinas, así hasta no hace mucho, los centollos se encontraban a miles en la zona de la isla Gabeira, y ahora apenas se ven.

El submarinista José Manuel Barros constata estos hechos. «Por encima de la arena del fondo hay una capa de lodo. Tal vez, debido a que ahora no se trabaja con redes en la ría y no se mueve la arena, le pasa como a la tierra, si no la cavas, no produce».
Pero esta ría no es sólo un mundo de algas, peces y mariscos. Sus fondos nos muestran retazos de historia. Los navíos que duermen en el cementerio marino nos traen a la memoria terribles naufragios y ecos de batallas.

Auténticos tesoros de la historia de España que suponen un importante patrimonio histórico, en muchos casos expoliados impunemente, y en otros recuperados y expuestos o almacenados lejos de la comarca. En los fondos de esta ría se encuentran más de 30 pecios de los diversos naufragios acaecidos en estas aguas. Entre todos, cabe destacar los de la fragata Magdalena y el Bergantín Palomo. Sirvan estas líneas para recordar lo que los libros de historia no han contado en su verdadera magnitud, la historia de una gran tragedia naval ligada a la lucha contra la invasión francesa en la Guerra de la Independencia, que tuvo lugar el 2 de noviembre de 1810 en las proximidades de las playas de Covas y Sacido, y que es hasta la fecha la mayor tragedia naval de los últimos tiempos en las costas españolas.

En la misma murieron 550 de los 583 jefes, oficiales y marineros que formaban sus dotaciones, en una sola noche de galerna, y, aunque no directamente en la batalla naval, si puede considerarse la suya como una auténtica catástrofe de guerra, por lo que significó, no solamente en pérdidas de vidas humanas, comparable al de muertos en la batalla de Trafalgar, sino también por las cuantiosas perdidas materiales que supuso para España. El objetivo militar de estos navíos pertenecientes a la “expedición cántabra” era la toma de Santoña, en la provincia de Santander, importante plaza fortificada de los franceses por esas fechas.
Llegada la madrugada del día de Todos los Santos al de Difuntos de 1810, la calma del viento se alteró hacia un fuerte viento de componente norte, haciendo que el palo mayor de la Fragata Santa María Magdalena se viniera abajo, arrastrando en su caída parte de la arboladura. Irremisiblemente dañada, la nave quedó ingobernable, con grandes vías de agua, y fue empujada por el viento contra los arrecifes de la playa de Covas conocidos como “Os castelos” quedando hundida a unos 8 metros de profundidad frente estos islotes.

El tremendo oleaje quiso que tan solo 8 de los 500 marineros pudieran llegar vivos a tierra, en un escenario dantesco donde centenares de cadáveres flotaban en el agua o yacían inertes sobre la arena de la playa de Covas. Cinco de los ocho tripulantes que alcanzaron tierra, morirían posteriormente por las heridas recibidas.
No corrió mejor suerte el Bergantín Palomo. Al igual que la Fragata Santa María Magdalena, el Bergantín Palomo perdió pocos días atrás su ancla mayor tras un temporal en Santoña. El Palomo intento fondear con un anclote, pero éste no fue suficiente para sostenerlo frente al furioso empuje de las olas y el viento que lo arrastraron hacia los acantilados de Sacido. Las rocas y los cantiles despedazaron rápidamente su estructura. Destrozada la nave por babor, y sin posibilidad de llegar a las rocas con cabos, la tripulación esperó sobre el costado de estribor el final irremediable. Al amanecer, el barco se partió por su mitad y los marineros y oficiales fueron arrojados al mar. En el intento de acercarse a nado hasta la cercana playa de Sacido, solamente pudieron salvarse la tercera parte de la tripulación, es decir 25 de los 75 de la dotación.

Los entierros fueron dificultosos, ya que el cementerio de Covas con apenas 500 habitantes por esas fechas, era manifiestamente insuficiente para dar sepultura a mas de medio millar de muertos. De modo que en el mismo borde de la playa de Covas, en la marisma de la ría, se habilitaron las fosas y zanjas necesarias. Hoy en día la zona se encuentra totalmente edificada, pero hasta principios del siglo XX se conservaron las sencillas cruces de madera, que marcaban a lo largo del arenal, el improvisado cementerio.

En el primer castelo de la playa de Covas, se erigió en 1934 un sencillo monumento que conmemora este naufragio. Consta de una balaustrada, un pequeño obelisco y un cañón y un ancla rescatados del naufragio. En la base del obelisco hay una lápida de mármol cuyo epígrafe dice así:

Además de en este monumento, los restos del naufragio estan presentes en diversos rincones de la ciudad de Viveiro, como los cañones del Parque de Pernas Peón, próximo a la playa de Covas, y anclas en alguna plaza del casco urbano.
Esa misma noche de 1810, y sin víctimas mortales, también se fueron a pique en esta ría otros dos buques de la expedición cántabra, la goleta ‘Insurgente Roncalesa’ y un buque de transporte y apoyo inglés.
De aquellos navíos construidos y armados en el Ferrol, con ricas maderas de ultramar, hoy apenas quedan tesoros. La fragata Magdalena y el Bergantín Palomo han sido masivamente expoliados.
Finalmente os dejo un video realizado por el Centro de Actividades Subacuáticas de Viveiro donde se muestra la riqueza natural y arqueológica de esta ría.







jacobo dijo
hola me ha gustado mucho la pagina tuya, veo un error en el nombre del "cargadoiro", que lo llamas Piscina de Jorge, siempre ha sido Piscina de Jaime.
La mayoria de los restos de la Fragata Magdalena, está actualmente en el Museo Naval de Ferrol. Estuvieron años sacandolos frente a la Punta del Tauriño
Saludos
15 Junio 2009 | 10:21 AM