Los Bosques Españoles: Norte, el reino de las hayas

Si tuviéramos que imaginar el escenario donde recrear un encuentro de meigas, una reunión de ninfas o las correrías de simpáticos duendecillos, sin lugar a dudas nos trasladaríamos a un bosque poblado de enormes árboles de elevadas copas, en el que los débiles rayos de luz que atravesarían el exuberante follaje se posarían sobre los grisáceos troncos y las irregulares ramas cubiertas de colgantes flecos de líquenes, para simular figuras irreales. Nuestros pies se hundirían en una tupida alfombra de hojas muertas y húmedas y una fresca atmósfera cuajada de jirones de espesa niebla nos envolvería, mientras que el rumor de un viento suave haciendo crujir el ramaje, el chapoteo del agua en los arroyos y el martilleo monótono de algún pájaro carpintero, contribuirían a crear un ambiente sobrecogedor. Nos encontraríamos en el más fantástico de nuestros bosques, en un hayedo.

El haya (Fagus sylvatica), que es el árbol dominante de estas formaciones boscosas, llegó a la península desde centroeuropa hace 7000 años. Sus principales vías de entrada fueron los Pirineos catalanes en Gerona y Navarra. Es una especie de amplia distribución europea que precisa para desarrollarse de unas precipitaciones abundantes, así como de una humedad ambiental elevada y unas temperaturas no demasiado extremas.

Estos condicionantes hacen que, dentro de nuestro país, se extienda por las montañas húmedas de la región eurosiberiana, penetrando en pequeñas manchas por el sistema Ibérico (sierras de la Demanda, Urbión, Neila y Moncayo) y los puertos de Beceite, al sur de la provincia de Tarragona. Un ejemplar aislado en la Peña de Francia (Salamanca) y los interesantes hayedos del macizo de Ayllón (sistema Central), nos indican que su área de distribución peninsular debió de ser más extensa en épocas pasadas de clima más húmedo, quedando confinada la especie actualmente en estos reducidos enclaves meridionales de condiciones climáticas propicias.

La distribución del haya en la Iberia atlántica es bastante irregular. En la cordillera Cantábrica, donde su área se ha visto notablemente diezmada por la transformación en terrenos de pasto, persisten importantes masas, sobre todo en el sector central, las cuales constituyen el límite de la vegetación arbórea. En Galicia, tan sólo las sierras de Ancares y del Caurel cuentan con pequeñas extensiones.

Por lo que respecta al Pirineo, el haya se distribuye de forma desigual a lo largo de la cordillera, siendo particularmente importantes los hayedos navarros que se localizan en las sierras de Irati, Aralar, Urbasa y Andía. En el Pirineo aragonés y en el catalán son los valles de Ansó, Hecho, Ordesa, Arán y Oro el, así como las sierras de San Juan de la Peña, del Cadí y del Montseny los que albergan las principales extensiones de hayas; en la mayoría de estos lugares se localizan en exposiciones de umbría, siendo asimismo muy frecuente que abedules y robles albares formen parte de su composición.





Angel dijo
Muy bien presentado el artículo. Enhorabena.
http://naturalmentevivo.blogspot.com/
7 Enero 2009 | 11:45 AM