Historia del bosque y las repoblaciones en España

La recuperación o ampliación de la cubierta vegetal de nuestros montes mediante el uso de repoblaciones forestales, es uno de los procesos que suscita mayor controversia en la opinión social de nuestro país. Existe una idea generalizada de que las repoblaciones forestales solo han aportado efectos negativos al panorama forestal español. La mayor parte de las repoblaciones forestales que se realizaron en nuestro país años atrás, fueron repoblaciones de carácter protector, en ocasiones masas monoespecíficas en las que una única especie forestal, generalmente el pino, predominaba en toda la masa.

La regresión de los bosque españoles ha sido constante a lo largo de su historia, en la que los campos de cultivo y los pastos para el incipiente ganado, dijeron adiós a la frondosa foresta ibérica.
Contribuyeron a ello las explotaciones mineras que requerían de fuertes cantidades de madera. En épocas en las el petróleo aún no formaba parte de nuestras vidas, las leñas y el carbón vegetal fueron nuestra única fuente de combustible.

El desarrollo urbanístico de nuestros pueblos y ciudades se realizó a expensas del bosque. A todo esto debemos añadir la mesta y sus millones de cabezas de ganado lanar que además de una gran riqueza económica, dejaron durante más de 500 años una profunda herida en nuestros montes.

En el siglo XV, con el descubrimiento de América, se hacen necesarias grandes cantidades de madera de primera calidad para la construcción naval. A finales del siglo XVI llega a su máximo esplendor la flota naval de nuestro imperio y se hace necesaria la tala de más de 5 millones de árboles para conseguir un arqueo de 300.000 toneladas de madera.

La última contienda de nuestros bosques llegaría a partir de mediados del siglo XIX con las desamortizaciones, que dejan en venta 7 millones de hectáreas de montes, en su mayoría públicos, para poder engordar las maltrechas arcas del estado que necesitaban financiar las guerras carlistas y la construcción del ferrocarril. Aquellos bosques que sobrevivieron a cientos de años de guerras, roturaciones e incluso a la mesta, pasaron a manos particulares con un futuro bien previsible, su corta o su roturación.

Las tragedias no se hicieron esperar, la perdida sistemática de la masa forestal en las cabeceras de los ríos, trajo consigo continuos desbordamiento como el del Júcar en 1869, al que siguieron los ríos Guadalentín, Ebro, Jiloca y Ter con innumerables perdidas humanas y materiales.

El daño ya estaba hecho, así que en 1877, el rey Alfonso XII firma la Ley de Repoblaciones Forestales, con la que se crea en los distritos Forestales, los Capataces de Cultivo, a los que dos años después, les autoriza a denunciar los daños que se causaran en los bosques, y se contratan los vigilantes temporales de incendios forestales. Este fue el inicio de los actuales Agentes Forestales y Medioambientales de España.

Ante la presión generada por estos desastres naturales, se nombran las primeras comisiones de repoblación, creando en 1890 las brigadas de ordenación forestal y en 1901 las divisiones hidrológico-forestales que comienzan a actuar en aquellas cuencas con mayores catástrofes, con objeto de mitigar los fenómenos torrenciales.
En octubre de 1935, el gobierno republicano creó la ley de creación del Patrimonio Forestal, uno de cuyos objetivos era favorecer la repoblación con especies de crecimiento rápido, pero la guerra civil impidió la aplicación de esta ley. La dictadura franquista se encargó de acometer un ambicioso plan de repoblaciones ampliamente criticado, tanto por las especies elegidas, como por los métodos utilizados para llevarlas a cabo, pero que sin dudas supuso un revulsivo para los maltrechos bosques españoles.

En este Primer Plan de Repoblación Forestal, desarrollado por los ingenieros de montes Joaquín Jiménez de Embún y Luis Ceballos y Fernández de Córdoba, se esbozaban las primeras teorías sobre series de dinámica evolutiva vegetal, aplicables a las técnicas de restauración forestal de montes degradados.
El profesor Ceballos afirmaba: “no nos empeñemos los forestales en enmendar la plana a la naturaleza pues una vez que los pinos cumplieron su insustituible labor colonizadora y repobladora, vayamos abriendo paso a las frondosas en muchos de nuestros pinares que ya lo llevan demandando desde hace tiempo, porque si no antes o después las plagas y, sobre todo, los incendios se encargarán de ello”. Proféticas palabras las del ilustre profesor de botánica de la escuela de ingenieros forestales de Madrid. Lamentablemente, las autoridades franquistas se quedaron solo con una parte de este plan y eliminaron del mismo a los padres de la idea, repoblando exclusivamente con pinos.

El periodo comprendido entre 1940 y 1995, momento en el que se transfiere por completo la gestión forestal a las comunidades autónomas, es para el bosque español el único periodo de su historia en el que no pierde terreno, teniendo su mayor crecimiento histórico, gracias a las 4.200.000 hectáreas repobladas.
Hoy en día, al bosque protector se le ha unido la necesidad de satisfacer la actual demanda de madera, así han surgido los polémicos bosques productores.

Quizás el eucalipto sea el más polémico, convirtiéndose en Galicia y parte de la Cornisa Cantábrica en el protagonista de su paisaje. Sobre esta especie se ha dicho de todo, desde invasora hasta oportunista. En España los eucaliptares cubren un total de 450.000 hectáreas, lo que representa un escaso 3,5% de la superficie forestal de toda España. Sin embargo, son capaces de producir 2,8 millones de metros cúbicos de madera al año, es decir mas de un 25% de la producción nacional de madera, cifrada en unos 11 millones de metros cúbicos al año. Aún así, España consume 4,3 millones de metros cúbicos de madera de eucalipto, por lo que existe un déficit de 1,5 millones de metros cúbicos de madera de eucalipto que han de importarse de otros países.
A diferencia de Galicia, en el País Vasco la especie elegida debido a su respuesta productora fue el pino de Monterrey (Pinus radiata), un árbol originario del suroeste de los Estados Unidos. Con unas 150.000 hectáreas, estos bosque de pino son capaces de producir algo mas de 1,5 millones de metros cúbicos de madera al año.
Durante los próximos años, se prevé que el consumo de madera en España aumente paulatinamente, por lo que solo nos quedan dos alternativas, importar a otros países nuestro déficit de madera o intensificar en nuestro país las repoblaciones productoras para paliar este déficit comercial.

Los bosques productores también cumplen su papel de bosque protector, ya que garantizan que no se talen bosques primarios en España y fuera de nuestras fronteras.





Corretger dijo
Interesante blog. No me extraña que estes entre los más votados. A partir de ahora tendré que visitarlo má a menudo y, con tiempo, revisar todas las entradas. Me parece que de una forma somera pero muy bien has tocado todos los apartados que se relacionan con nuestros bosques.
Un saludo y volveré (no es una amenaza)
2 Noviembre 2008 | 12:23 AM