Los señores del bosque

Dando un paseo por la rica mitología asturiana encontramos al busgosu, el señor de los bosques, protege y controla a la flora y fauna que en ellos habita. Se parece a los sátiros, con espesa cabellera y cuernos retorcidos. Los brazos, rostro y torso son humanos y las piernas son de cabra.
Es inofensivo y ayuda a quienes se adentran en el bosque para enseñarles el camino de vuelta. Es inútil perseguirle pues no se le puede alcanzar. Tiene manía a los cazadores y leñadores que dañan el bosque, no dudando en asustarlos hasta hacerlos caer en un barranco.
En Boal (occidente de Asturias) se creyó en la existencia del busgosu, "cuyos besos producían el escrofulismo, la tisis y todas las enfermedades caracterizadas por producir palidez y la demacración". En el siglo XVII, cuentan que muchos certificados de defunción describían como causa de la muerte el trato sexual con un hombre del bosque (el busgosu) que transmitía la tisis, escrofulismo y otras enfermedades que daban palidez.

En la mitología vasca, existe el basajaun, un ser parecido al busgosu.
Los basajaun tienen cuerpos similares a los del hombre; pero basajaun no es totalmente antropomorfo. Este gigante tiene una larga pelambrera y uno de sus pies se parece a una pezuña de vaca. Los Basajaunes no son sólo son masculinos, sino que también los hay de sexo femenino. Las Basanderes son las mujeres de los Basajaunes.
En la mentalidad popular, estos seres raramente aparecen como dañinos o peligrosos; es más, los Basajaunes prevenían a los pastores dando silbidos cuando se acercaba una tormenta y vigilaban a los rebaños para que los pastores pudieran dormir tranquilos. Por estos servicios los Basajaunes cobraban un pequeño tributo: un trozo de pan que recogían cuando los pastores dormían.

Una leyenda cuenta que un día, un grupo de vaqueros subió al monte con los rebaños. Cuando llegó la noche todos se olvidaron de dejarle el pan al Basajaun, todos menos uno, el más joven.
A la mañana siguiente descubrieron que el Basajaun se había llevado la ropa de todos menos la del chico que se acordó de la ofrenda. ¡Los había dejado desnudos en medio del monte!.
Los demás vaqueros le ofrecieron al muchacho una ternera si iba a la cueva del Basajaun a recuperar la ropa. Así lo hizo y una vez allí el Basajaun le dijo: "A la ternera que te han regalado dale cientoun palos". Siguió el consejo y cuando la ternera creció le dio cientoun terneros.
Para acabar os dejo con el asturiano José Ángel Hevia Velasco que nos interpreta la canción del busgosu (Son del Busgosu).





xtcu dijo
Hola:
Aqui en Cantabria tenemos a EL MUSGOSU, no se si tendrá alguna relación con EL BUSGOSU, pero como somos vecinos de los asturianos... tal vez si.
Un saludo
27 Noviembre 2006 | 08:25 AM