
La empresa norteamericana Monsanto provee al mercado de productos para la agricultura y ganadería. Es conocida por producir el herbicida más vendido en el mundo bajo la marca Roundup, cuyo principio activo es el glifosato. También es productor líder de semillas genéticamente modificadas (los transgénicos).
Quien controle las semillas controlará la alimentación del planeta, por lo tanto controlará el mundo. Esta frase es la esencia de Monsanto, el gigante de los transgénicos.
Las evidencias más desgarradoras de su monopolio las encontramos en India con el algodón transgénico de Monsanto. Antes de los transgénicos los agricultores indios utilizaban sus abonos y pesticidas naturales y guardaban las semillas para las siguientes temporadas, pero a partir de la introducción de las semillas transgénicas de Monsanto, por diferentes distribuidoras indias bajo su control y fuertes campañas publicitarias, las cosas cambiaron. Son semillas patentadas y está prohibida su reproducción en los siguientes años. Qué paradoja, semillas no renovables, que además requieren de insecticidas específicos (propiedad de Monsanto), por lo que la anterior independencia agrícola de cada campesino se ha convertido en una ’esclavitud’ de Monsanto. Y en deudas, muchas deudas, que el precio final del algodón (compitiendo con algodón subvencionado de EE UU), las plagas y las inclemencias del tiempo, no le permiten subsanar. Entonces, con el agua hasta el cuello, deciden suicidarse.

El problema de especies transgénicas como el maíz reside en que cuando el polen de esta especie manipulada genéticamente, coincide con variedades nativas de maíz, como esta ocurriendo en Méjico y Canadá, su ADN queda contaminado por ADN de variedades transgénicas de Estados Unidos. Los agricultores no solo son victimas de estar perdiendo sus variedades de cultivos autóctonos, si no que también están siendo acusados por tener en sus cultivos genes patentados por esta trasnacional.

¿Cómo es posible que una empresa esté haciendo negocio con una actividad tan criminal? ¿Cómo es posible que ’invente’ semillas que una vez patentadas queda prohibida su conservación y reproducción, que sería lo ecológicamente razonable? ¿Cómo es posible? Es una cuestión de pedigrí, la empresa tiene 107 años de historia y se le reconoce ser impulsora del PCB (elemento cancerígeno utilizado en transformadores eléctricos) y de proveer en la Guerra de Vietnam del químico “agente naranja” utilizado por las tropas estadounidenses con el fin de destruir la vegetación y cosechas y privar así a los Vietnamitas de sus cosechas para alimentarse y vegetación donde esconderse. El agente naranja fue un potente químico que causó entre la población Vietnamita unos 400.000 muertos y unos 500.000 nacimientos de niños con malformaciones, además de las bajas en el propio ejército norteamericano.

En el mundo ganadero, Monsanto es la empresa responsable del Polisac, una hormona de crecimiento bovino, o somatotropina, que secreta la hipófisis de las vacas después del nacimiento de un ternero y que estimula la producción de leche movilizando las reservas corporales de la vaca. Por manipulación genética, lograron introducir el gen en una bacteria, la Escherichia Coli, común en la flora intestinal de los mamíferos, incluyendo los hombres, permitiendo así su fabricación a grande escala. Esta hormona transgenica ha sido bautizada por Monsanto “Recombinant Bovine Somatotropin” (rBST), o “recombinant Bovine Growth Hormone” (rBGH). La producción forzada de leche más allá de sus capacidades naturales de la vaca lleva a efectos fisiológicos que ponen en peligro la vida del animal. La inyección de la hormona perturba el ciclo natural de la vaca, que produce la somatotropina despues del periodo de parto con el fin de aumentar su producción de leche y nutrir a su pequeño. Una de las consecuencias de la ruptura del ciclo natural es una disminución del nivel de fecundidad del animal llegando en a veces a la esterilidad.

Otra consecuencia de la inyección de Posilac es el aumento significativo de las mamitis, o sea una inflamación de las ubres bastante común en las manadas de alto rendimiento, dicha inflamación tiene como consecuencia la presencia de pus en la leche, los ganaderos recurren entonces a inyecciones de antibióticos de los cuales quedan residuos en la leche. Estos mismos antibióticos se encuentran luego en el organismo del consumidor y participan al desarrollo de organismos patógenos resistentes a los antibióticos.

El siguiente documental de investigación desvela muchas de las mentiras, trapos sucios y falsedades de las supuestas bondades de los transgénicos que tanto defiende Monsanto. Aquí va, para que el mundo de Monsanto nunca sea el nuestro.
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Valencia tiene catalogadas 48 zonas húmedas que abarcan 45.000 hectáreas, el 90 por ciento en el frente litoral, lo que convierte al sistema de humedales valenciano en el "más denso y mejor distribuido de toda Europa".
Históricamente, las zonas húmedas se encontraban a lo largo de las costas alicantinas desde Pego hasta Torrevieja, pasando por la Albufereta de Alicante aunque algunos de estos humedales, marjales, lagunas, saladares se han ido desecando tanto por efectos naturales como por su uso agrícola.

En la actualidad, destacan los parques naturales del Hondo de Elche-Crevillent, las Lagunas de Torrevieja-La Mata, las Salinas de Santa Pola y la Marjal de Pego-Oliva, que junto con la Albufera de Valencia y el Prat Cabanes (Castellón), pertenecen al Convenio de Ramsar debido a su catalogación como hábitats de importancia internacional.

Además, estos humedales reciben la consideración de Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) concedida por la Unión Europea, ya que acogen, entre otros, el 95 por ciento de la población europea de cerceta pardilla y el 93 de malvasía cabeciblanca, ambas especies en peligro de extinción.

Peces como el fartet y el samarucs, flamencos (hasta 700 ejemplares en 2008 en las Salinas de Santa Pola), gaviotas y bivalvos como el "petxinots" comparten las aguas de los parajes alicantinos con especies vegetales de gran interés como la orquídea silvestre o el narciso de otoño, ambas presentes en las lagunas de Torrevieja-La Mata.

Además, los humedales valencianos combinan la conservación de la naturaleza con actividades agrícolas (arroz, cítricos, hortalizas).
El agua salina es la principal fuente hídrica de los humedales, especialmente de aquellos que cuentan actividad salinera como el parque natural de Santa Pola, que junto con las aguas de escorrentía y las provenientes de usos agrícolas como en el caso del Hondo, completan la capacidad hídrica del humedal.

El caso de Alicante es característico ya que se concentran grandes urbes junto a parajes acuáticos protegidos, hecho que provoca problemas ambientales como la eutrofización: aporte excesivo de nutrientes al medio acuático a través de las aguas agrícolas que provoca en una última etapa el descenso de la población de aves.
La importancia de estos humedales no reside sólo en su papel como grandes reservas de biodiversidad, sino que además atenuan los efectos del cambio climático, absorben dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, frenan la intrusión del mar en la tierra y pueden contener el agua proveniente de las inundaciones.
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Quiero hoy rescatar mí olvidado archivo fotográfico y de video para mostraros el que en breve será, durante algo más de dos meses, mi lugar de descanso, esparcimiento y recreo, los alrededores de Viveiro y su ría.

En pleno Mar Cantábrico, la ría de Viveiro es una de las rías altas gallegas de la provincia de Lugo. Está formada por la desembocadura del río Landro y se abre al Cantábrico al oeste por la Punta del Fuciño do Porco y al este por el Monte Faro.

La influencia de las aguas marinas sobre el río Landro se hace notar sobre 80 hectáreas, alcanzando casi 5 km río arriba desde su desembocadura.

El estuario de la ría de Viveiro comienza a formarse en Portochao y se prolonga hasta su desembocadura a lo largo de tres kilómetros formando una amplia y rica llanura fluvial de marisma declarada Lugar de Interés Comunitario.

La ría tiene una escotadura de 2 kilómetros de ancho entre el Monte Faro y Punta Socastro (Fuciño do Porco). Su fondo es arenoso en casi todas las zonas y tiene una profundidad media entre 9-15 m, llegando en algunos puntos hasta los 25 metros de profundidad.

Entre los puntos más destacables de la ría encontramos el Monte de Faro y la Punta Socastro o Fuciño do Porco que forman la bocana de esta ría, la Punta Alegrín, la Punta da insua o do Cabalo con su legendaria cueva de la doncella, la punta do Becerro y la ensenada de Cova Fría en las proximidades de Celeiro, la Punta Mogarón y la ensenada de dos Canaveirás en la costa de Faro.

Desde el faro rojo de Monte Faro hasta el faro verde del Fuciño do Porco, que indican a los marineros la entrada a esta ría, encontramos las siguientes playas: Arnela, Area, Celeiro, Covas, Seiramar, Sacido, Róo, A Concha, Abrela y Alegrín.

En cuanto a islas, encontramos en la ría en su la parte mas occidental frente a la playa de Abrela la isla Gabeira y frente a la playa de Area la siempreverde y arbolada isla de Area. Existen otros islotes de menor tamaño como “Os Castelos” en la playa de Covas o el islote Queimada cerca de la Punta da insua.






























































La ría alberga una singular riqueza de flora y fauna marina con fondos tapizados de espirógrafos, gorgonias, grandes esponjas y otros organismos incrustantes, que crean un gran cuadro abstracto con sus contrastes de color y forma. Las praderas están formadas por algas del género Laminaria, Ascophyllum, Himanthalia y Pelvetia entre otras muchas.

En sus fondos habitan enormes bogavantes y centollos. Pulpos, sepias, calamares, congrios, sargos, sardinas, anchoa, chicharros, abadejos y fanecas se ven por todas partes y los pintos y maragotas están siempre omnipresentes. Entre la ictiofauna pelágica son frecuentes las grandes lubinas y los bancos de túnidos como los verdeles.

Hay una buena representación de peces planos (lenguados, rodaballos, etc), peces de arena (peces araña, salmonetes, etc.), rayas, tembladeras, etc. Otras especies son menos habituales pero también posibles de ver según la época del año, como los peces luna, San Martiños, etc.

Existen poblaciones importantes de crustáceos más pequeños (gambas, cangrejos, santiaguiños, nécoras, sastres, arañas, etc.) y una gran variedad de nudibranquios. Ocasionalmente también son visibles por estas aguas delfines, o como por aquí los llaman “golfiños”.

Si bien, existe una gran riqueza, los submarinistas están constatando la disminución de especies marinas en esta ría. Sus fondos marinos se conservan intactos, con la misma flora, pero han disminuido diversas especies marinas, así hasta no hace mucho, los centollos se encontraban a miles en la zona de la isla Gabeira, y ahora apenas se ven.

El submarinista José Manuel Barros constata estos hechos. «Por encima de la arena del fondo hay una capa de lodo. Tal vez, debido a que ahora no se trabaja con redes en la ría y no se mueve la arena, le pasa como a la tierra, si no la cavas, no produce».
Pero esta ría no es sólo un mundo de algas, peces y mariscos. Sus fondos nos muestran retazos de historia. Los navíos que duermen en el cementerio marino nos traen a la memoria terribles naufragios y ecos de batallas.

Auténticos tesoros de la historia de España que suponen un importante patrimonio histórico, en muchos casos expoliados impunemente, y en otros recuperados y expuestos o almacenados lejos de la comarca. En los fondos de esta ría se encuentran más de 30 pecios de los diversos naufragios acaecidos en estas aguas. Entre todos, cabe destacar los de la fragata Magdalena y el Bergantín Palomo. Sirvan estas líneas para recordar lo que los libros de historia no han contado en su verdadera magnitud, la historia de una gran tragedia naval ligada a la lucha contra la invasión francesa en la Guerra de la Independencia, que tuvo lugar el 2 de noviembre de 1810 en las proximidades de las playas de Covas y Sacido, y que es hasta la fecha la mayor tragedia naval de los últimos tiempos en las costas españolas.

En la misma murieron 550 de los 583 jefes, oficiales y marineros que formaban sus dotaciones, en una sola noche de galerna, y, aunque no directamente en la batalla naval, si puede considerarse la suya como una auténtica catástrofe de guerra, por lo que significó, no solamente en pérdidas de vidas humanas, comparable al de muertos en la batalla de Trafalgar, sino también por las cuantiosas perdidas materiales que supuso para España. El objetivo militar de estos navíos pertenecientes a la “expedición cántabra” era la toma de Santoña, en la provincia de Santander, importante plaza fortificada de los franceses por esas fechas.
Llegada la madrugada del día de Todos los Santos al de Difuntos de 1810, la calma del viento se alteró hacia un fuerte viento de componente norte, haciendo que el palo mayor de la Fragata Santa María Magdalena se viniera abajo, arrastrando en su caída parte de la arboladura. Irremisiblemente dañada, la nave quedó ingobernable, con grandes vías de agua, y fue empujada por el viento contra los arrecifes de la playa de Covas conocidos como “Os castelos” quedando hundida a unos 8 metros de profundidad frente estos islotes.

El tremendo oleaje quiso que tan solo 8 de los 500 marineros pudieran llegar vivos a tierra, en un escenario dantesco donde centenares de cadáveres flotaban en el agua o yacían inertes sobre la arena de la playa de Covas. Cinco de los ocho tripulantes que alcanzaron tierra, morirían posteriormente por las heridas recibidas.
No corrió mejor suerte el Bergantín Palomo. Al igual que la Fragata Santa María Magdalena, el Bergantín Palomo perdió pocos días atrás su ancla mayor tras un temporal en Santoña. El Palomo intento fondear con un anclote, pero éste no fue suficiente para sostenerlo frente al furioso empuje de las olas y el viento que lo arrastraron hacia los acantilados de Sacido. Las rocas y los cantiles despedazaron rápidamente su estructura. Destrozada la nave por babor, y sin posibilidad de llegar a las rocas con cabos, la tripulación esperó sobre el costado de estribor el final irremediable. Al amanecer, el barco se partió por su mitad y los marineros y oficiales fueron arrojados al mar. En el intento de acercarse a nado hasta la cercana playa de Sacido, solamente pudieron salvarse la tercera parte de la tripulación, es decir 25 de los 75 de la dotación.

Los entierros fueron dificultosos, ya que el cementerio de Covas con apenas 500 habitantes por esas fechas, era manifiestamente insuficiente para dar sepultura a mas de medio millar de muertos. De modo que en el mismo borde de la playa de Covas, en la marisma de la ría, se habilitaron las fosas y zanjas necesarias. Hoy en día la zona se encuentra totalmente edificada, pero hasta principios del siglo XX se conservaron las sencillas cruces de madera, que marcaban a lo largo del arenal, el improvisado cementerio.

En el primer castelo de la playa de Covas, se erigió en 1934 un sencillo monumento que conmemora este naufragio. Consta de una balaustrada, un pequeño obelisco y un cañón y un ancla rescatados del naufragio. En la base del obelisco hay una lápida de mármol cuyo epígrafe dice así:

Además de en este monumento, los restos del naufragio estan presentes en diversos rincones de la ciudad de Viveiro, como los cañones del Parque de Pernas Peón, próximo a la playa de Covas, y anclas en alguna plaza del casco urbano.
Esa misma noche de 1810, y sin víctimas mortales, también se fueron a pique en esta ría otros dos buques de la expedición cántabra, la goleta ‘Insurgente Roncalesa’ y un buque de transporte y apoyo inglés.
De aquellos navíos construidos y armados en el Ferrol, con ricas maderas de ultramar, hoy apenas quedan tesoros. La fragata Magdalena y el Bergantín Palomo han sido masivamente expoliados.
Finalmente os dejo un video realizado por el Centro de Actividades Subacuáticas de Viveiro donde se muestra la riqueza natural y arqueológica de esta ría.
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